Desde que llegué a "la Unidad" casi no recuerdo mi nombre. Hoy era Gladis, hace tres meses fuí Alice. Antes Andrea, Sheryl, ... Y mañana no se quien seré.
Por el momento podré salir adelante con los 30.000 del último contacto.
¡Contacto! Sutil eufemismo para lo que acaba siendo un asesinato. Contacto es la palabra clave que utiliza "la Unidad" para ocultar las acciones de eliminación de pederastas, viciosos y demás prole que corre por Internet.
"La Unidad". Otra clave para denominar a un puñado de pistoleros a sueldo pagados por el FBI. La Unidad se había formado hace tres años. La opinión pública estaba harta de casos como el de Vicky Olsen, violada y asesinada por un pederasta que la había obligado a mantener relaciones con él tras haber contactado con ella en un chat de Internet. El asesino resultó ser su profesor. El escándalo llevó a la ruina a varios políticos y los que les sustituyeron quisieron asegurarse de que eso no volviera a suceder. Se elaboró un plan que prometía al electorado mano dura con los desviados, pero que en realidad iba aún más allá. Se creó "la Unidad", un cuerpo especializado en delitos sexuales, corrupción de menores, pornografía, acoso y todo lo que tuviera un cariz de comportamiento desviado con soporte en la red. Se suponía que el cuerpo debería velar por la seguridad en Internet, pero realmente se creó un aparato de censura, represión, selección y exterminio al estilo de las SS. Sus métodos son retorcidos y expeditivos. Sus mandos son seleccionados directamente por una clase política conservadora, religiosa y mojigata, y, a su vez, hipócrita y farisea.
Yo trabajo en este infierno desde hace año y medio.
Aún recuerdo la mañana en que firme el contrato con la Unidad. Tenía una resaca de mil demonios y sentía el palpitar de mis sienes como si las venas fueran a reventar en cualquier momento. No se que me habían dado ni que habían hecho conmigo, pero no tenía voluntad para seguir soportando la machacona voz del que ahora es mi jefe.
- Si no firmas ahora, te enfrentas a una condena de diez o quince años. ¿Que harás dentro de diez o quince años ,Tom? Ya serás viejo para trabajar en tu empresa y estarás desconectado de la tecnología. ¿Quien querrá a un tipo así?
Vomite...
- Por otro lado, si firmas, no quedará nada en tu ficha. La quemaremos. Desaparecerá. Y trabajarás en lo que te gusta, sólo que para nosotros...
Intenté enfocar la borrosa figura de Bill. El esfuerzo me hizo vomitar otra vez. Bill se movía de aqúi para allá, chapoteando en el vómito y sin dejar de mirarme, de fumar y de hablar ...
-...incluso podrías llegar a ser famoso. El hacker más famoso de Estados Unidos. ¡Que digo!, ¡Del mundo!...
Por favor cállate, pensaba, pero de mi boca sólo salían babas ...
- ...y te querrán, porque la gente quiere a los representantes de la ley que hacen que sus hijos estén seguros. ¡Figúrate! Por fin los padres podrán dejar a sus bastardos frente al ordenador sin temor a que nadie abuse de ellos mientras ellos intentan hacer lo mismo con los hijos del vecino...
Y firmé. Con tal de que se callara, firmé. No hubiera hecho falta la charla, ni las drogas, ni el maltrato ... La jodí yo mismo, lo sabía, y no soy lo que se dice un héroe.
Meses atrás me aposté una cena con un colega a que era capaz de entrar en la red del Senado. No era una tarea sencila. Tras el 11-S el Gobierno había redoblado las medidas de seguridad en los accesos a la red, aunque no todos los nodos habían sido reemplazados. Encontrarlos era lo más complicado. Una vez encontrado uno, saltarse los sistemas de seguridad habituales era "sencillo" para alguien que creía ser un hacker... y que resulto ser un gilipollas: fui dejando tantos rastros que el FBI me cogió como el que coge una galleta de un tarro.
El resto es historia. Unas cuantas pastillas, unos bofetones, la voz ronca del cabrón de mi jefe y ahora vivo esta vida de mierda. Soy pescador de lo que llaman Desviados: buceo en Internet en busca de mis presas, les cebo con lo que ellos quieren y, cuando pican, llamo a mi jefe, Bill, y esos pobres acaban como Karter, perdiendo el seso por Gladis. ¡Nunca mejor dicho! Seguro que los sesos de Karter están ahora adornando la pared del baño de The Black Rose.
- ¡A tu salud Karter!
Apuro mi güisqui, pongo unos dólares en la barra, cojo el maletín con los 30.000, salgo del bar sin saludar y me voy a quemarme las pestañas al ordenador de casa.
¿Que nombre será más apropiado esta vez? ¿Marilyn? No. Respeto mucho a la difunta Norma Jeane como para utilizar su nombre.
Me voy a casa caminando por una calle mojada. Nombres de mujer se agolpan en mi mente y los voy descartando uno a uno. Avanzo dando tumbos: muchos güisquies sin que llegara a mi estómago el filete a la pimienta (poco hecho) más famoso de la ciudad.
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domingo, 25 de mayo de 2008
jueves, 12 de abril de 2007
Big Brother is watching you! (2)
He estado echando un vistazo al blog de PostNoBill y mirando fotos he llegado a un sitio donde se puede ver Times Square en vivo.
Mirando las webcams me ha venido a la mente una historia que ya me surgió al ver la foto de satélite de mi casa.
Podría ser así:
Un tipo está medio tirado en una silla, en su habitación, frente al ordenador, en la oscuridad rota por el resplandor del monitor y por una famélica lámpara de estudio. Su aspecto es desaliñado: a través de la apertura del albornoz de colores, se ve una sucia camiseta de hombreras y unos calzoncillos arrugados. Su pelo está alborotado y sucio, se diría que grasiento. Lleva barba de varios días. De tanto en tanto aparta el teclado de su regazo para arrascarse con gesto cansino o para alcanzar su recalentada cerveza y beber con ruidosos sorbos.
Ha pasado la mayor parte de la lluviosa tarde viendo diferentes páginas de Internet. No busca nada en particular. Va de aquí para allá, sin entretenerse mucho en cada sitio. Sólo si descubre alguna foto de una mujer desnuda demuestra algo más de interés. Se incorpora un poco sobre la silla y se retoca la entrepierna.
Ahora su atención se ha desviado hacia las webcams. Se ha pasado la última hora mirando esos pequeños cuadradillos, ventanas a mundos agitados de los que él parece refugiarse en su sombría habitación.
Mientras se carga el último sitio, se ha levantado pesadamente de la silla para buscar otra cerveza. Arrastrando los piés va hacia la cocina, pero a mitad de camino regresa para ir a orinar de forma ruidosa. Coge un bote del frigorífico casi vacío, lamentándose porque es el último que le quedaba, y regresa al ordenador.
Antes de sentarse tira de la anilla del bote y el chorro de espuma salpica la pantalla.
- ¡Mierda! - exclama y con un pico del albornoz limpia los churretones del monitor.
Mientras restriega se fija en las miniaturas de vídeos que expone el sitio que dejo abriéndose. Le llama la atención el ir y venir de infinitos taxis amarillos. Finalmente deja colgar la tela, termina de abrir el bote y se sienta mirando con atención la pantalla, donde se ve el vídeo de los taxis y, debajo, una serie de miniaturas. Empieza a abrir una tras otra y mira la frenética actividad de la gente caminando por la acera, o los coches en la calle. En uno de los vídeos se ve un grupo de personas esperando el semáforo para cruzar de calle. En la parte exterior del grupo hay una chica llamativa, urgando en su bolso.
- ¡Vamos!, date la vuelta que se te vea el careto - pero la chica de la pantalla no parece hacerle caso y sigue buscando algo en su bolso - ¡será hija de puta!
Alarga la mano para alcanzar el ratón y pasar la siguiente cámara, pero cuando va hacerlo se da cuenta de que al lado de la chica hay una persona que le ha llamado la atención.
- ¡Coño!, pero si son mis botas - dice - ¿de dónde es esta mierda?
Se acerca más a la pantalla tratando de ver el detalle de la imagen.
- ¡Joder, colega!, son las mismas - casi está gritando de la admiración.
La imagen, a diferencia de las otras, tiene una nitidez bastante buena, lo que le permite ver el dibujo del calzado. Cuando ha terminado de examinar las botas, se vuelve a reclinar en la silla sin salir de su asombro, pero no llega a terminar el gesto porque ha visto que no sólo son las botas lo que tienen en común. La ropa que lleva es parecida a una chaqueta y a unos pantalones que usa para salir los sábados e impresionar a las chicas de la disco. Incluso diría que es la misma, pero el negro de la chaqueta no permite distinguir con claridad sus detalles.
La coincidencia en la vestimenta le ha hecho olvidarse de la chica y sigue mirando al hombre por encima del bote de cerveza mientras sorbe otro trago.
- Se diría mi gemelo. Hasta lleva mi mismo corte de pelo, - piensa.
En la pantalla, el grupo ha empezado a cruzar, pero tanto la chica como su sosias se han quedado en esta parte de la calle. Parece como si la chica le hubiera pedido algo al tipo de las botas, que ahora se busca algo en los bolsillos de la chaqueta. Por fin lo encuentra y enciende un mechero que aproxima al cigarrillo que la chica sostiene en su boca. Cuando terminan, los dos intentan echar a andar, pero el semáforo se ha vuelto a poner en rojo. La chica hace un gesto como de disculpa hacia el chico y este se lo devuelve.
El trozo de acera que está a la espalda de la pareja está sorprendentemente vacío. Hasta ahora han ido pasando por delante de la cámara ordas de viandantes , pero en estos momentos sólo se ve a las dos personas.
El hombre en la habitación vuelve a hacer ademán de coger el ratón para cambiar de imagen, pero algo sorprendente aparece por la esquina inferior derecha de la imagen.
- ¡No me jodas! Pero, ¿que hace este vestido de Krusty el Payaso?
Otra vez se incorpora para ver al tipo vestido de payaso como va progresando hasta el medio de la imagen. Entonces sucede algo inesperado. Krusty se vuelve hacia la cámara con el gesto grotesco de una sonrisa pintada sobre una cara que se ve seria. De su bolsillo izquierdo saca un trozo de papel que despliega con parsimonia frente a la cámara. Mientras lo hace, la pareja se ha vuelto hacia él y lo están mirando. No se ven sus rostros porque el efecto de perspectiva hace que el cuerpo del payaso casi oculte a las dos personas.
Krusty ha terminado de desplegar el papel y lo extiende frente a la cámara, casi ocultando la totalidad de la escena.
- ¡Pero...!, - exclama asombrado el hombre en su silla.
En el papel que está delante de la pantalla se pueden leer tres palabras con toda claridad, un nombre y apellidos. Es el nombre completo de la persona que está delante del ordenador.
- ¿Que cojones es esto?, - vuelve a decir sin salir de su asombro.
Mientras el payaso ha retirado el papel y se desplaza hacia la derecha de la imagen. Entonces se pueden ver los rostros de los que estaban esperando el semáforo. Las caras están iluminadas por los neónes de la tienda de la esquina y los rasgos aparecen con claridad ante la cámara.
- ¡La leche!, ¡joder!, ¡si soy yo!, - está gritando mientras da un respingo en la silla. Está tan nervioso que ha dejado caer el bote y su contenido se derrama por su entrepierna. El tipo de las botas iguales a las suyas tiene su misma cara.
Sin dejar de mirar la pantalla, se limpia como puede. Mientras, el payaso ha hecho una bola con el papel y lo ha tirado. Ahora pone su mano en el bolsillo derecho de su chaqueta y extrae un revólver que dirige sin dilación hacia el rostro del hombre de las botas. Cuando está a tiro, en la imagen se ve el resplandor de dos detonaciones muy seguidas. Krusty vuelve a poner el revolver en el bolsillo, se gira hacia la cámara haciendo un gesto y desaparece de la imagen.
El hombre en la habitación está practicamente subido en la silla. Sus manos atenazan los reposabrazos, jadea mientras ahoga su miedo. Sus ojos, casi fuera de sus órbitas, están fijos en la pantalla donde ve cómo la chica del bolso grita y pide auxilio y ve a la gente arremolinarse alrededor del inerte cuerpo de su otro yo.
-----------------
- ¡Ya está bien, coño! Si quieren cachondearse de alguien que vayan a visitar la tumba de su padre
- ¡Joder!, ¿que pasa ahora, Toni?
- ¡Que ya está bien!, que encima de tener que tragarme el coñazo de atender la centralita tengo que soportar que la gente esté aburrida por la lluvia y no tenga más diversión que molestar a la policía. ¡Cómo si no tuvieramos trabajo que hacer!
- Pero, ¿que pasa?
- ¿Que que pasa? Que ya he recibido veintitrés llamadas contando la misma historia absurda.
- ¿Que historia?
- Estos pirados están llamando diciendo que han visto por internet como un ser extravagante les pegaba dos tiros y luego se daba a la fuga.
- ¿Pegaba dos tiros a quien?
- ¡Coño!, ahí está lo absurdo: ¡a ellos mismos! Todos están contando la misma historia. Están mirando webcams en internet, ven a alguién que se parece a ellos, luego aparece la Gallina Caponata, o Superman, o Krusty el payaso, pone su nombre delante de la cámara en un trozo de papel, se da media vuelta y disparan a ese que parecen reconocer como ellos mismos.
- ¿Como quien?
- ¡Pero leche!, cachondeíto no, ¿eh? ¿No te lo estoy diciendo? ¡Como ellos mismos!, dispara a la persona que llama, pero no a ella o él, sino a la que está en el ordenador que es como ellos.
- ¡Joder Toni!, que mal que te sientan los cambios de turno...
Mirando las webcams me ha venido a la mente una historia que ya me surgió al ver la foto de satélite de mi casa.
Podría ser así:
Un tipo está medio tirado en una silla, en su habitación, frente al ordenador, en la oscuridad rota por el resplandor del monitor y por una famélica lámpara de estudio. Su aspecto es desaliñado: a través de la apertura del albornoz de colores, se ve una sucia camiseta de hombreras y unos calzoncillos arrugados. Su pelo está alborotado y sucio, se diría que grasiento. Lleva barba de varios días. De tanto en tanto aparta el teclado de su regazo para arrascarse con gesto cansino o para alcanzar su recalentada cerveza y beber con ruidosos sorbos.
Ha pasado la mayor parte de la lluviosa tarde viendo diferentes páginas de Internet. No busca nada en particular. Va de aquí para allá, sin entretenerse mucho en cada sitio. Sólo si descubre alguna foto de una mujer desnuda demuestra algo más de interés. Se incorpora un poco sobre la silla y se retoca la entrepierna.
Ahora su atención se ha desviado hacia las webcams. Se ha pasado la última hora mirando esos pequeños cuadradillos, ventanas a mundos agitados de los que él parece refugiarse en su sombría habitación.
Mientras se carga el último sitio, se ha levantado pesadamente de la silla para buscar otra cerveza. Arrastrando los piés va hacia la cocina, pero a mitad de camino regresa para ir a orinar de forma ruidosa. Coge un bote del frigorífico casi vacío, lamentándose porque es el último que le quedaba, y regresa al ordenador.
Antes de sentarse tira de la anilla del bote y el chorro de espuma salpica la pantalla.
- ¡Mierda! - exclama y con un pico del albornoz limpia los churretones del monitor.
Mientras restriega se fija en las miniaturas de vídeos que expone el sitio que dejo abriéndose. Le llama la atención el ir y venir de infinitos taxis amarillos. Finalmente deja colgar la tela, termina de abrir el bote y se sienta mirando con atención la pantalla, donde se ve el vídeo de los taxis y, debajo, una serie de miniaturas. Empieza a abrir una tras otra y mira la frenética actividad de la gente caminando por la acera, o los coches en la calle. En uno de los vídeos se ve un grupo de personas esperando el semáforo para cruzar de calle. En la parte exterior del grupo hay una chica llamativa, urgando en su bolso.
- ¡Vamos!, date la vuelta que se te vea el careto - pero la chica de la pantalla no parece hacerle caso y sigue buscando algo en su bolso - ¡será hija de puta!
Alarga la mano para alcanzar el ratón y pasar la siguiente cámara, pero cuando va hacerlo se da cuenta de que al lado de la chica hay una persona que le ha llamado la atención.
- ¡Coño!, pero si son mis botas - dice - ¿de dónde es esta mierda?
Se acerca más a la pantalla tratando de ver el detalle de la imagen.
- ¡Joder, colega!, son las mismas - casi está gritando de la admiración.
La imagen, a diferencia de las otras, tiene una nitidez bastante buena, lo que le permite ver el dibujo del calzado. Cuando ha terminado de examinar las botas, se vuelve a reclinar en la silla sin salir de su asombro, pero no llega a terminar el gesto porque ha visto que no sólo son las botas lo que tienen en común. La ropa que lleva es parecida a una chaqueta y a unos pantalones que usa para salir los sábados e impresionar a las chicas de la disco. Incluso diría que es la misma, pero el negro de la chaqueta no permite distinguir con claridad sus detalles.
La coincidencia en la vestimenta le ha hecho olvidarse de la chica y sigue mirando al hombre por encima del bote de cerveza mientras sorbe otro trago.
- Se diría mi gemelo. Hasta lleva mi mismo corte de pelo, - piensa.
En la pantalla, el grupo ha empezado a cruzar, pero tanto la chica como su sosias se han quedado en esta parte de la calle. Parece como si la chica le hubiera pedido algo al tipo de las botas, que ahora se busca algo en los bolsillos de la chaqueta. Por fin lo encuentra y enciende un mechero que aproxima al cigarrillo que la chica sostiene en su boca. Cuando terminan, los dos intentan echar a andar, pero el semáforo se ha vuelto a poner en rojo. La chica hace un gesto como de disculpa hacia el chico y este se lo devuelve.
El trozo de acera que está a la espalda de la pareja está sorprendentemente vacío. Hasta ahora han ido pasando por delante de la cámara ordas de viandantes , pero en estos momentos sólo se ve a las dos personas.
El hombre en la habitación vuelve a hacer ademán de coger el ratón para cambiar de imagen, pero algo sorprendente aparece por la esquina inferior derecha de la imagen.
- ¡No me jodas! Pero, ¿que hace este vestido de Krusty el Payaso?
Otra vez se incorpora para ver al tipo vestido de payaso como va progresando hasta el medio de la imagen. Entonces sucede algo inesperado. Krusty se vuelve hacia la cámara con el gesto grotesco de una sonrisa pintada sobre una cara que se ve seria. De su bolsillo izquierdo saca un trozo de papel que despliega con parsimonia frente a la cámara. Mientras lo hace, la pareja se ha vuelto hacia él y lo están mirando. No se ven sus rostros porque el efecto de perspectiva hace que el cuerpo del payaso casi oculte a las dos personas.
Krusty ha terminado de desplegar el papel y lo extiende frente a la cámara, casi ocultando la totalidad de la escena.
- ¡Pero...!, - exclama asombrado el hombre en su silla.
En el papel que está delante de la pantalla se pueden leer tres palabras con toda claridad, un nombre y apellidos. Es el nombre completo de la persona que está delante del ordenador.
- ¿Que cojones es esto?, - vuelve a decir sin salir de su asombro.
Mientras el payaso ha retirado el papel y se desplaza hacia la derecha de la imagen. Entonces se pueden ver los rostros de los que estaban esperando el semáforo. Las caras están iluminadas por los neónes de la tienda de la esquina y los rasgos aparecen con claridad ante la cámara.
- ¡La leche!, ¡joder!, ¡si soy yo!, - está gritando mientras da un respingo en la silla. Está tan nervioso que ha dejado caer el bote y su contenido se derrama por su entrepierna. El tipo de las botas iguales a las suyas tiene su misma cara.
Sin dejar de mirar la pantalla, se limpia como puede. Mientras, el payaso ha hecho una bola con el papel y lo ha tirado. Ahora pone su mano en el bolsillo derecho de su chaqueta y extrae un revólver que dirige sin dilación hacia el rostro del hombre de las botas. Cuando está a tiro, en la imagen se ve el resplandor de dos detonaciones muy seguidas. Krusty vuelve a poner el revolver en el bolsillo, se gira hacia la cámara haciendo un gesto y desaparece de la imagen.
El hombre en la habitación está practicamente subido en la silla. Sus manos atenazan los reposabrazos, jadea mientras ahoga su miedo. Sus ojos, casi fuera de sus órbitas, están fijos en la pantalla donde ve cómo la chica del bolso grita y pide auxilio y ve a la gente arremolinarse alrededor del inerte cuerpo de su otro yo.
-----------------
- ¡Ya está bien, coño! Si quieren cachondearse de alguien que vayan a visitar la tumba de su padre
- ¡Joder!, ¿que pasa ahora, Toni?
- ¡Que ya está bien!, que encima de tener que tragarme el coñazo de atender la centralita tengo que soportar que la gente esté aburrida por la lluvia y no tenga más diversión que molestar a la policía. ¡Cómo si no tuvieramos trabajo que hacer!
- Pero, ¿que pasa?
- ¿Que que pasa? Que ya he recibido veintitrés llamadas contando la misma historia absurda.
- ¿Que historia?
- Estos pirados están llamando diciendo que han visto por internet como un ser extravagante les pegaba dos tiros y luego se daba a la fuga.
- ¿Pegaba dos tiros a quien?
- ¡Coño!, ahí está lo absurdo: ¡a ellos mismos! Todos están contando la misma historia. Están mirando webcams en internet, ven a alguién que se parece a ellos, luego aparece la Gallina Caponata, o Superman, o Krusty el payaso, pone su nombre delante de la cámara en un trozo de papel, se da media vuelta y disparan a ese que parecen reconocer como ellos mismos.
- ¿Como quien?
- ¡Pero leche!, cachondeíto no, ¿eh? ¿No te lo estoy diciendo? ¡Como ellos mismos!, dispara a la persona que llama, pero no a ella o él, sino a la que está en el ordenador que es como ellos.
- ¡Joder Toni!, que mal que te sientan los cambios de turno...
viernes, 23 de marzo de 2007
La revolución tecnológica ... demasiado revolucionada para algunos
Después de mi día de curro en casa, he salido a sacar dinero al cajero (¿cuando se abrirá el cajoncito del DVD para darnos los billetes?) y a comprar cartuchos de tinta para mi pluma (os recomiendo la pluma, controla la pérdida de habilidad en la escritura).
Ya en la tienda, una papelería superconocida en mi pueblo, cuando me llega mi turno ...
- Hola, ¿teneis cartuchos de tinta como estos?
- Si, ¿cuantos quieres?
- Dos cajitas
- Aquí tienes
- Oye, no tendréis "duvedés" de doble capa, ¿no?
- Si, mira. Estos. Estos los puedes grabar por las dos capas - y el vendedor decía esto haciendo gestos con la mano como cuando se da la vuelta a una tortilla
Confieso que no debería escribir esto, pero me ha hecho gracia. Os prometo que me iré a confesar a la parroquia más próxima en cuanto tenga un poco de tiempo.
Ya en la tienda, una papelería superconocida en mi pueblo, cuando me llega mi turno ...
- Hola, ¿teneis cartuchos de tinta como estos?
- Si, ¿cuantos quieres?
- Dos cajitas
- Aquí tienes
- Oye, no tendréis "duvedés" de doble capa, ¿no?
- Si, mira. Estos. Estos los puedes grabar por las dos capas - y el vendedor decía esto haciendo gestos con la mano como cuando se da la vuelta a una tortilla
Confieso que no debería escribir esto, pero me ha hecho gracia. Os prometo que me iré a confesar a la parroquia más próxima en cuanto tenga un poco de tiempo.
miércoles, 8 de noviembre de 2006
Planchar es fascinante
De verdad. Hace mucho que no me sentía tan realizado.
He de dar gracias a mi empresa que me ha liberado de la carga de trabajar por un estipendio y me ha permitido disfrutar de las labores caseras cotidianas.
¡Como disfruto asesinando esas bolitas de pelusa que forma la tarima flotante! ¡Que exasperación me produce verlas cuando me muevo de allá para acá! Las veo al contraluz. Las veo crecer. Acechan mis movimientos y me persiguen. Persiguen la estela que creo al desplazarme por la habitación. Corren a refugiarse debajo de la cama cuando muevo la colcha. Pero un día llego con el aspirador. Inserto el tubo en la boca de aspiración. Pongo la posición "Suelo duro" y ¡aspiro! Aspiro sin piedad. Las veo desaparecer en precipitada carrera al interior del aspirador. Algunas corren desesperadas, intentan llegar llegar a la "Convención de Pelusas" que hay debajo de la cama. Pero no saben de mi astucia. Se que me esperan allí, aterradas. Y yo, me agacho y las persigo y una tras otras inician su vuelo fatal. ¡Que satisfacción!
Mas tarde mis pensamientos se dirigen hacia otra parte de la casa: el cuarto de plancha. Cuando entro, veo aquellos trapos informes en desorden orgiastico. Trapos de cocina se unen en lascivo lazo a mis calzoncillos. Mi kimono está enterrado entre preciosas sábanas de colores. Las camisetas se han retorcido con espasmos de lujuria... Pero ahí estoy yo, mirándolos, examinando su arrugada piel. Y entonces, como el temible Dios de los trapos, comienzo la selección: a ti te plancho y a ti no. ¡Y comienza la titánica labor de poner llanura allá donde había montañas y valles! El martillo de Thor no es nada en comparación a la máquina infernal que está en mi mano. Nubes de vapor se elevan tras el choque entre trapo y ella, siempre vencedora de tan sin igual lid. El poder de mi máquina es absoluto. Brutal con el más áspero andrajo. Delicado con el suave tisú. Y, mientras, me invade esa sensación de poder absoluto. ¡Por fin decido sobre la vida de otros seres! Aunque inertes, moldeo a mi antojo su destino, hago con mis manos aquello que quiero con sus miserables despojos. ¡Soy por fin omnímodo! Y comienzo a reír, y comienzo a gozar. Y ya no hay sensación parecida en este mundo. Ya no hay felicidad, ni alegría, ni orgasmo comparable a la acción de planchar. ¡Y tiemblo pensando que el ciclo es eterno! Que en poco tiempo estos miserables seres estarán a mi merced, que volveré a hacer de ellos lo que mande mi juicio. Y sobre todo, que sere de nuevo feliz. Si, ¡feliz!. Porque planchar es un acto que aproxima al humano mortal a la calidad de dios. ¡Y yo quiero ser dios y planchar el destino de la humanidad!
He de dar gracias a mi empresa que me ha liberado de la carga de trabajar por un estipendio y me ha permitido disfrutar de las labores caseras cotidianas.
¡Como disfruto asesinando esas bolitas de pelusa que forma la tarima flotante! ¡Que exasperación me produce verlas cuando me muevo de allá para acá! Las veo al contraluz. Las veo crecer. Acechan mis movimientos y me persiguen. Persiguen la estela que creo al desplazarme por la habitación. Corren a refugiarse debajo de la cama cuando muevo la colcha. Pero un día llego con el aspirador. Inserto el tubo en la boca de aspiración. Pongo la posición "Suelo duro" y ¡aspiro! Aspiro sin piedad. Las veo desaparecer en precipitada carrera al interior del aspirador. Algunas corren desesperadas, intentan llegar llegar a la "Convención de Pelusas" que hay debajo de la cama. Pero no saben de mi astucia. Se que me esperan allí, aterradas. Y yo, me agacho y las persigo y una tras otras inician su vuelo fatal. ¡Que satisfacción!
Mas tarde mis pensamientos se dirigen hacia otra parte de la casa: el cuarto de plancha. Cuando entro, veo aquellos trapos informes en desorden orgiastico. Trapos de cocina se unen en lascivo lazo a mis calzoncillos. Mi kimono está enterrado entre preciosas sábanas de colores. Las camisetas se han retorcido con espasmos de lujuria... Pero ahí estoy yo, mirándolos, examinando su arrugada piel. Y entonces, como el temible Dios de los trapos, comienzo la selección: a ti te plancho y a ti no. ¡Y comienza la titánica labor de poner llanura allá donde había montañas y valles! El martillo de Thor no es nada en comparación a la máquina infernal que está en mi mano. Nubes de vapor se elevan tras el choque entre trapo y ella, siempre vencedora de tan sin igual lid. El poder de mi máquina es absoluto. Brutal con el más áspero andrajo. Delicado con el suave tisú. Y, mientras, me invade esa sensación de poder absoluto. ¡Por fin decido sobre la vida de otros seres! Aunque inertes, moldeo a mi antojo su destino, hago con mis manos aquello que quiero con sus miserables despojos. ¡Soy por fin omnímodo! Y comienzo a reír, y comienzo a gozar. Y ya no hay sensación parecida en este mundo. Ya no hay felicidad, ni alegría, ni orgasmo comparable a la acción de planchar. ¡Y tiemblo pensando que el ciclo es eterno! Que en poco tiempo estos miserables seres estarán a mi merced, que volveré a hacer de ellos lo que mande mi juicio. Y sobre todo, que sere de nuevo feliz. Si, ¡feliz!. Porque planchar es un acto que aproxima al humano mortal a la calidad de dios. ¡Y yo quiero ser dios y planchar el destino de la humanidad!
martes, 24 de octubre de 2006
Antigua ida de olla
¡No se lo pierdan! ....
... ya está a la venta el nuevo manual
"Cómo meter 14 días de equipaje con ropa de montaña en una sola mochila"
¡El best seller del verano!, imprescindible obra que no debe faltar en su biblioteca.
Berta Goldstein lo compró y ...
'Nunca he sido tan feliz. Antes usaba tres o cuatro maletas para meter toda mi ropa de vacaciones. Ahora, con el método explicado en el libro, he conseguido meter todo en una pequeña mochila: camisetas botas de montaña, el saco de dormir, los forros polares y ¡hasta un vestido de fiesta!. Todo, todo en una mochila. ¡Y además he adelgazado 22 kilos mientras hacía el equipaje! (que por otro lado no me sirve para nada al haber adelgazado). ¡Que feliz soy! y por solo $14.99'
Testimonios como este demuestran la validez del método. Usted aprenderá a:
- Retorcer sus camisetas hasta reducir su volumen al máximo antes de producirse un esguince de muñeca
- Estrujar sus prendas de abrigo hasta disminuir tanto su volumen que luego no podrá encontrarlas
- Contorsionar sus botas de montaña para hacerlas entrar en un bolsillo de la mochila sin romperlo
- Aprovechar los huecos para meter toda su ropa interior sin que las zurraspas se trasparenten
- Y ¡mucho más! ...
Pero, ¡esto no es todo!
- Los esfuerzos hechos para retorcer las prendas de ropa fortalecerán los músculos de sus brazos. Sus bíceps y tríceps lucirán fuertes y abultados.
- Sus piernas se fortalecerán con los saltos dados para encajar todo el equipaje
- Su mente también se beneficiará al intentar resolver el rompecabezas de 'Las botas en un bolsillo de la mochila'
- Su voz mejorará con los improperios recomendados en el libro
- Su cintura disminuirá al trabajar sus abdominales para empujarlo todo
- Y más ...
Todo ello está en el libro.
¡Todo por sólo $14.99!. Y si usted es uno de las 3.567.624 primeras personas en pedir el libro recibirá:
- Una mochila tamaño gigante para realizar prácticas
- Una katana afilada para cortarse las venas cuando no lo consiga
- Una soga gorda por si falla con la katana
- Un diploma enmarcado en maderas, no-bles de alta cal-y-dad, con el texto
"Soy un irremediable gilipollas. ¡Quién me manda a mí meterme en estos berenjenales!, ¡el próximo año me quedo en casa!."
- Un certificado de Locura Pasajera para exhibir ante la policía cuando sus vecinos le denuncien por el volumen de los improperios lanzados
¡Cómprelo ya!, ¡no pierda la oportunidad de revolucionar el mundo de su equipaje!
... ya está a la venta el nuevo manual
"Cómo meter 14 días de equipaje con ropa de montaña en una sola mochila"
¡El best seller del verano!, imprescindible obra que no debe faltar en su biblioteca.
Berta Goldstein lo compró y ...
'Nunca he sido tan feliz. Antes usaba tres o cuatro maletas para meter toda mi ropa de vacaciones. Ahora, con el método explicado en el libro, he conseguido meter todo en una pequeña mochila: camisetas botas de montaña, el saco de dormir, los forros polares y ¡hasta un vestido de fiesta!. Todo, todo en una mochila. ¡Y además he adelgazado 22 kilos mientras hacía el equipaje! (que por otro lado no me sirve para nada al haber adelgazado). ¡Que feliz soy! y por solo $14.99'
Testimonios como este demuestran la validez del método. Usted aprenderá a:
- Retorcer sus camisetas hasta reducir su volumen al máximo antes de producirse un esguince de muñeca
- Estrujar sus prendas de abrigo hasta disminuir tanto su volumen que luego no podrá encontrarlas
- Contorsionar sus botas de montaña para hacerlas entrar en un bolsillo de la mochila sin romperlo
- Aprovechar los huecos para meter toda su ropa interior sin que las zurraspas se trasparenten
- Y ¡mucho más! ...
Pero, ¡esto no es todo!
- Los esfuerzos hechos para retorcer las prendas de ropa fortalecerán los músculos de sus brazos. Sus bíceps y tríceps lucirán fuertes y abultados.
- Sus piernas se fortalecerán con los saltos dados para encajar todo el equipaje
- Su mente también se beneficiará al intentar resolver el rompecabezas de 'Las botas en un bolsillo de la mochila'
- Su voz mejorará con los improperios recomendados en el libro
- Su cintura disminuirá al trabajar sus abdominales para empujarlo todo
- Y más ...
Todo ello está en el libro.
¡Todo por sólo $14.99!. Y si usted es uno de las 3.567.624 primeras personas en pedir el libro recibirá:
- Una mochila tamaño gigante para realizar prácticas
- Una katana afilada para cortarse las venas cuando no lo consiga
- Una soga gorda por si falla con la katana
- Un diploma enmarcado en maderas, no-bles de alta cal-y-dad, con el texto
"Soy un irremediable gilipollas. ¡Quién me manda a mí meterme en estos berenjenales!, ¡el próximo año me quedo en casa!."
- Un certificado de Locura Pasajera para exhibir ante la policía cuando sus vecinos le denuncien por el volumen de los improperios lanzados
¡Cómprelo ya!, ¡no pierda la oportunidad de revolucionar el mundo de su equipaje!
martes, 26 de septiembre de 2006
La historia de Pepe
Voy a publicar la historia de Pepe, para que la conozcáis, ya que alguien ha preguntado.
Es de un mail en cadena, por eso lo del final.
Tiene algo positivo.
Es de un mail en cadena, por eso lo del final.
Tiene algo positivo.
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